La hermenéutica de las imágenes. Iconos, figuraciones, sueños

Por Luz Aurora Vidales Fuentes (Universidad Nacional Autónoma de México)

En “Iconos, figuraciones, sueños. Hermenéutica de las imágenes” Diego Lizarazo explica algunas de las más relevantes implicaciones de las imágenes en la sociedad contemporánea. Toca aspectos sociológicos, culturales, estéticos y subjetivos de la vivencia icónica. ¿Cómo es posible abordar tantas cuestiones en una reflexión de conjunto?, a través de una estrategia doble: abarcar imágenes simbólicas, como la imagen onírica, la imagen sagrada y la imagen poética; y desarrollar su metaconstitución: comprender la comprensión de las imágenes, una especie de comprensión de la comprensión. Una hermenéutica de segundo orden que interpreta los abordajes teóricos y culturales de la imagen. Supone que la imagen no es una esfera aparte de la mirada “las miradas contribuyen a construir las imágenes y … las imágenes erigen sus miradas” (p. 15), “no hay práctica interpretativa icónica que no sea, de alguna forma, una manera de coproducir su significación y su sentido” (p. 16). Por ello “Iconos, figuraciones, sueños” permite entender la experiencia icónica tanto en la singularidad subjetiva, como en la vida social: “Un cordel luminoso y una soga oculta ligan los diversos recintos de la icónica porque nuestros sueños portan las representaciones de la vida diurna, y porque en nuestra vida diurna actúan figuraciones profundas que no atisbamos a reconocer. Somos doblemente icónicos: en nuestra más objetivante realidad social y en nuestra más singularizante experiencia personal” (p.151). Estudiar el sentido hermenéutico de la imagen, nos lleva a comprender su valor subjetivo, psíquico, y también su valor social, mítico e institucional. Por eso la obra revisa con profundidad las dos puntas de este cordel: la experiencia subjetiva de las imágenes a través de la lectura del psicoanálisis de Freud y Lacan como una “hermenéutica de imágenes”, y la experiencia colectiva, a través de dos líneas: la mitología icónica (Jung, Eliade, Campbell) y la concepción pragmática de las imágenes, que resulta inauguralmente planteada en el capítulo sexto del libro. Este horizonte no implica la formación de una gran hermenéutica de la imagen (que no podría ser más que eclecticismo), sino el reconocimiento de los trazos polémicos y de las visiones en torno a la interpretación de las imágenes: “no se trata de un escenario de convivencia serena entre énfasis distintos, o de una compatibilidad entre perspectivas, sino de un campo de polémicas donde lo planteado por una forma de ver tacha y recusa lo que desde otro lugar se configura” (p.189). Así, Lizarazo desarrolla cuatro debates esenciales en torno a la interpretación icónica: a) el de la definición de su naturaleza, en el que pueden identificarse las posiciones polares de las concepciones transparentistas de la imagen (como el naturalismo o el fundacionismo) y las concepciones de la opacidad (como la semiótica); b) el de los alcances de la imagen donde se debaten, en sus extremos, las teorías de la universalidad icónica (el enfoque mitologista y metafísico) y las posiciones de la singularidad (como la perspectiva del psicoanálisis freudiano); c) el debate de la densidad de la imagen entre las visiones que otorgan valores sustanciales a las imágenes (como los planteamientos de la hermenéutica del Círculo de Eranos) y las visiones que se plantean, incluso, la vaciedad total y la nulidad del sentido icónico; por último, d)el debate de los límites de la imagen que manifiesta el diálogo y también el conflicto entre las teorías textualistas de la imagen y las teorías interpretativas (como la visión de Mukarovsky).

En un balance general, la obra de Lizarazo hace, por lo menos, cuatro aportaciones capitales al campo de la teoría de la imagen: 1. Ofrece una mirada erudita y completa de las principales discusiones sobre lo que podemos entender por una imagen, por un campo imaginario, por cultura icónica. Logra hacerlo mostrando los puntos de intersección y las diferencias entre las aportaciones más notables. 2. Argumenta a favor del paso de las visiones
excesivamente textualistas de las imágenes (aquellas que piensan en la imagen como un “objeto”) a las visiones pragmáticas y hermenéuticas, donde la imagen es una dinámica social de interpretación en la que resulta a la vez formada por el ojo que la mira, y formadora de dicha mirada. Por esta razón la interpretación de la imagen no es un asunto exclusivamente semiótico ni de interés técnico (del tipo “sólo para semiólogos”), sino que resulta del mayor interés para el antropólogo, el psicoanalista, el historiador o el sociólogo. 3. Propone una explicación hermenéutica de la imagen como “elaboración cultural del espacio”. Es decir devela el estatuto semiótico y hermenéutico de las imágenes: ámbitos de interpretación histórica de la experiencia humana del espacio. 4. Presenta los prolegómenos de lo que podría ser una pragmática de la imagen que, consecuentemente con lo planteado en el punto 2., partirá no de la imagen como entidad autosubsistente, sino de su comprensión en el seno de reglamentaciones sociales a las que llama “contratos icónicos”, como los marcos en que se produce la “experiencia icónica”.
El libro del doctor Lizarazo constituirá, con el tiempo, una referencia relevante de la comprensión de la imagen en las humanidades.

 

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