La dislocación del sentido. Percepción e imaginación docente ante la tele
Antes de comenzar estas breves líneas quisiera agradecer a Diego el haberme invitado a presentar su libro, es para mi motivo de alegría compartir con Diego, mi amigo, este espacio. Nos conocemos desde hace ya un rato, trabajamos juntos hace mucho tiempo, y después de un periodo de distancia, hace más o menos un año nos volvimos a encontrar.
Dicho lo anterior, le propongo a Diego el auror, a mi compañero de mesa y al auditorio presente lo que sigue. En primer lugar trataré de esbozar un breve panorama de lo que se trata el trabajo que hoy presentamos, realizar un recorrido por su contenido, resaltando los aspectos centrales de la argumentación que aquí se ofrece, para luego plantear algunas cuestiones o problemáticas que pueden derivarse de la lectura de este texto, esto es entablar un diálogo con el autor y los presentes a propósito de cómo puede ser pensada e interpretada la tríada que conforman los conceptos: televisión, docente y alumno.
Entonces, para comenzar con la primera parte de mi exposición puedo decir que se trata de un texto que con gran claridad y lucidez pretende mostrar cómo puede ser articulada o más bien desarticulada la relación que se establece entre los docentes y los alumnos con la presencia de la televisión en las aulas. Es decir, mostrar cuál es la construcción de sentido que realizan los docentes de las escuelas primarias en relación con la televisión, considerando como ejes de análisis a los alumnos, a sí mismos y a la educación.
El autor, para poder desarticular desde una perspectiva teórica metodológica esta tríada, recurre a una estrategia que le permite por una parte, separar a cada uno sus componentes, alumnos, maestros y televisión para poder, en su desarticulación singular, descubrir que no pueden ser pensados o descifrados si no es en el nudo mismo de su relación. Sin pecar de redundante, una de las afirmaciones más contundentes y tempranas de este trabajo es la de pensar a la relación docente- alumno-televisión a partir de las propias e intrínsecas imbricaciones que tienen estos conceptos entre sí, entendiendo que cualquier configuración de sentido que pretenda elaborarse de ella no puede dejar de lado la contaminación necesaria e ineludible de un concepto sobre otro.
En términos más concretos, no puede entenderse la presencia de la televisión en el aula sin entender la construcción de sentido que los maestros realizan sobre sus alumnos, la relación que los alumnos establecen con ella así como la propia relación de los maestros con la televisión. Como puede verse, en esta primera parte del libro, se trata de construir argumentos relacionados con cómo entender y descifrar esta relación a partir de las significaciones que los actores en juego construyen.
En este sentido Diego, en el capítulo uno, recupera importantes aportaciones de la hermenéutica y la pragmática a la hora de mostrar cuáles son las rutas o caminos que deben transitarse para mostrar estas configuraciones. Por un lado, desde la perspectiva hermenéutica pragmática se recupera el análisis de las configuraciones simbólicas, culturales e ideológicas que permiten mostrar y entender cómo se produce una articulación de sentido específica, en este caso en particular, el discurso docente en relación con la televisión, su presencia en el aula y el discurso sobre la niñez que participa de la práctica televisiva.
El capítulo dos aborda cómo ha sido o más bien no ha sido considerada la televisión en las prácticas pedagógicas, cómo debido a razones de diferente índole como pueden ser, ideológicas, técnicas, culturales la televisión no se ha incorporado como elemento pedagógico en las aulas debido en gran medida al desconocimiento de la importancia y posibilidades que brinda la televisión y en especial, las imágenes en la cultura contemporánea.
El capítulo tres, a quien el libro debe su nombre, analiza y discurre sobre las diferentes significaciones que los maestros han articulado en relación con la televisión y la infancia, buena y mala televisión, la televisión blanca y televisión agresiva, la educativa y la comercial, la ficción y la fantasía para concluir mostrando cómo en realidad, la situación se resume al evidenciar que tanto maestros como niños están ubicados en dos horizontes simbólico-culturales diferentes, construyen y articulan sentidos sobre el discurso televisivo que no solo son dispares sino que se encuentran completamente separados o incluso fracturados.
Teniendo en cuenta la situación anterior, Diego propone varias alternativas que pudieran mostrar o por lo menos indicar que al final del túnel podemos ver luz. La apuesta estaría por tratar de construir una relación pedagógica que en vez de dar por hecho al otro y a lo que el otro piensa, intente siquiera aventurar la pregunta, disposición de apertura e investigación por los intereses, significaciones y construcciones de los otros.
Apuesta por una estrategia dialógica donde los docentes aventuren más a descubrir y pensar cuál es el acercamiento de la infancia hacia la televisión, qué ven, por qué lo hacen y desde dónde lo hacen, que a juzgar desde una perspectiva moralizante lo que los niños ven.
De aquí y hasta el final del libro, suceden dos capítulos más que trabajan las figuraciones docentes y las infantiles. El autor describe a partir del trabajo específico con varios maestros de escuelas primarias las construcciones significantes y simbólicas realizadas por los docentes en relación con la televisión y el imaginario docente percibe y articula las construcciones infantiles a propósito de la misma.
Hasta aquí entonces el libro y mi exposición de sus reflexiones, creo que sería interesante ahora entre todos pensar algunas cuestiones que la lectura de este trabajo genera, por ejemplo pensar:
-¿cómo ha afectado o modificado las estructuras de construcción de significado y de sentido la presencia de la televisión?
-¿son los mismos los niños que se enfrentan al sistema educativo para el cual están diseñado los contenidos, estrategias pedagógicas y docentes?
-¿cómo ha afectado la presencia de la televisión la propia configuración de los docentes, en relación consigo mismos, con su cultura y con su labor? Partiendo de la idea de que no solo los niños están expuestos a la televisión, sino que todos lo estamos.
-¿cómo recuperar el lenguaje de las imágenes en las prácticas pedagógicas sin caer en la falsa oposición entre lo discursivo y lo icónico?
-¿cómo desarrollar un postura crítica sin caer en una posición moralizante frente a los contenidos que presenta la televisión?
Dra. Gabriela Traverso
