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LA DISLOCACIÓN DEL SENTIDO.
Percepción e imaginación docente ante la tele.

Si partimos del Titulo que Diego Lizarazo ha puesto a su libro, encontramos una muy provocadora apuesta para la reflexión sobre el papel de la televisión en general y no solo en el espacio en el que se centra el estudio que aquí nos narra y analiza.

Cuando el sentido es dislocado, es decir, “Sacado de su lugar” por la intervención de la percepción que sobre este medio tenemos (tienen los profesores en el aula), pareciera que al dislocarse (sacarse de su lugar) el sentido de la televisión, esta pierde su lugar. Por ello, la pregunta que recorrió mi lectura siempre me interrumpía ¿Cuál es, entonces el sentido que se disloca? Por ello, le debo preguntar al autor la razón del título.

En consecuencia, la escena en la que se pretende ubicar este estudio, la relación Maestro-alumno-televisión, nos provoca y empuja a una reflexión mas amplia sobre el proceso docente mismo como formación e instrumentación de la forma en la que los “educandos” deberán establecer su vinculación con su entorno social y cultural. Excluir o peor aun, ignorar, a los medios masivos como actores directos de este proceso formativo es dislocarlos es “sacarlos de su lugar” .
Si como menciona en el texto, (pagina 15) “somos el resultado de la cultura escolar y sus construcciones” el preguntarse, como lo hace el autor, sobre el papel que la televisión tiene en el proceso de construcción de lo que somos, particularmente en el aula y en la escuela y en la relación de los maestros y los alumnos, es una pregunta fundamental y una “exploración cultural” en la que se empeña el autor.

La exploración que Diego realiza en distintas escuelas, en el dialogo de y con los maestros, es realizada con una enorme capacidad perceptiva, que aderezada con su amplio y comprometido espíritu interpretativo nos muestra y “de-muestra” la preocupación, y afortunadamente también, la ocupación del autor como investigador y teórico de los fenómenos culturales.

El punto de partida para explicarse la manera en la que los maestros integran el discurso de la televisión en su práctica docente, interpretando la interpretación, como el mismo autor lo confiesa, en torno a este actor cultural –la televisión- que invitada o no, esta presente en el equipaje con el que se realiza la relación docente/alumnos en el aula.

Los supuestos de los que parte para su interpretación, aunque evidentes, son expuestos con lucidez y amplitud. Son supuestos presentes pero no reflexionados comúnmente.

1. El maestro parte de su propio vínculo con la televisión. Se divierte, tiene preferencias, es televidente y tiene su opinión sobre este medio, establece relaciones afectivas y simbólicas con ella. Aunque como también vemos en muchos casos esta relación es negada.

2. La relación del maestro con la TV se hace desde su marco profesional y político, no se hace en el vacío.

3. Los alumnos que interactúan con el profesor son también auditorio de la televisión y ponen en interacción en el espacio escolar su propia relación con la TV. Aunque como veremos, a veces es sancionada.

4. La relación o los “pactos” que establecen niños y adultos con la TV son diferentes. Por una parte, los niños lo asumen a partir de la representación, la fantasía y lo lúdico y los adultos, a partir de una lógica de lo real, o el “deber ser” que a veces no “es”.

Cuando en su capitulo II nos dice que “La presencia de los medios en el entorno social se asume como un hecho sin discusión y no como un territorio problemático del cual pueden desprenderse preguntas y proyectos” me hizo recordar un proyecto que en 1980 se realizó en la Presidencia de la Republica, en el marco de un mega proyecto legal para cambiar el marco jurídico de los medios denominando “Bases para la construcción de un sistema nacional de comunicación social” en donde una de sus partes incorporaba el análisis de la forma en la que los medios estaban presentes o no en los libros de texto gratuitos y se proponían capítulos específicos para cada uno de los grados de primaria y secundaria y que incorporara su análisis no solo como parte de la realidad social y cultural sino los “desnaturalizaba” (no son o están porque así es) proponiendo a los alumnos y los maestros el reto de construir contenidos (convertirlos en emisores) y usar los diversos recursos mediáticos como instrumentos pedagógicos, para ello se elaboraron también los “libros de los maestros”.

Nada pasó entonces, pero a 26 años de distancia, Diego Lizarazo, pone nuevamente el asunto en la palestra, solo que ahora el escenario se ha magnificado, el papel de los medios ha perneado cada vez más los espacios cotidianos y políticos convirtiéndolos en “Poderes de hecho” que incluso pretenden y a veces lo logran sustituir a los poderes instituidos o sustituyendo instituciones formales, en este caso y de manera evidente como “escuela paralela”.

Por eso, la pertinencia de atajarlos, no solo para cuestionarlos, sino para conocerlos y asumir la relación que tenemos con ellos es en si mismo un ejercicio pedagógico.
Cuando algunos los consideran incluso como “enemigos de la escuela”. Diego no nos propone la clásica respuesta a esta afirmación: Si no puedes con el enemigo únete a él, por el contrario, nos hace una inteligente propuesta; si no puedes con el enemigo…conócelo bien.

Esta visión apocalíptica, según nos narra en el libro, ha generado en algunos maestros, la exclusión de la televisión de la escena pedagógica, negando que la televisión sea transversal al proceso educativo.

Sin duda que son atendibles los argumentos que los maestros expresan en cuanto a falta de recursos, pero no se puede ignorar su intromisión y poco ayuda a ese reconocimiento la interpretación “pedagógicamente correcta” de que la escuela es seria y la televisión no, de que la TV desinforma y maleduca, y la escuela no, de que es mercantil y banal, etc. Y que por ello los maestros no la ven, o dicen no verla. Esto se refuerza con las referencias a los canales o programas que dicen ver y que se ubican en esa categoría de lo que muchos entrevistados nos representamos como la respuesta esperada: “creo que es lo que esperan que yo diga” veo canal 11, canal 22, Discovery, etc. Discurso que no es exclusivo del ámbito de las escuelas de educación básica sino que se magnifica en las universidades.

En el texto se establecen con claridad los limites para usar la TV en el aula, y en cada uno de esos limites encontramos pistas para desarrollar proyectos y programas para atenderlos. El mérito del libro es que nos presenta estos argumentos de forma ordenada.
Integrar a la TV como recurso didáctico pero también y fundamentalmente como tema de discusión es una reflexión que se encuentra en el centro de los argumentos y las interpretaciones.
Avanzar en esta apuesta nos permitiría pensar en la escuela como el principal agente formador de una audiencia activa y crítica. Ignorarla solo reforzará lo que hoy tenemos, una audiencia pasiva y “cómplice” de lo que ve, en la TV.

La transformación de la relación niños/maestros/TV debe ser asumido, no solo como asunto pedagógico y cultural sino como asignatura pendiente del proceso formativo de los ciudadanos, y en ellos, una relación distinta con la TV es sin duda, un principio para dejar de quejarnos e introducir el problema como asunto de cada uno.

Limites materiales y formativos (ausencia de competencias técnicas, didácticas y pedagógicas), y su propia interpretación sobre la TV son, entre otros, los principales argumentos que los maestros exponen, para no incorporar a la TV como recuso pedagógico. Hay, aunque en menor grado, también profesores que se inclinan por propuestas como “aprender a usarla para sacar ventaja de hacer conciencia de cómo ver TV” y “generar una cultura de ver TV”

Hay un segmento (Pág.67) que quiero retomar cuando nos propone la reflexión ética de la interpretación sobre la exclusión de la TV en la relación maestros/alumnos pues me parece que, aunque planteadas como interrogantes, son argumentos concluyentes: “la sanción y descalificación de los intereses del otro justifica un ejercicio de intolerancia e impide gravemente la posibilidad de generar un proceso educativo genuino que tendría que comenzar por entender el mundo infantil con el que debe comunicarse para educar.

¿Cómo educar sin conocer los intereses y expectativas del educando? ¿Cómo educar genuinamente sin establecer una relación comunicativa entre los involucrados? ¿Qué ven los otros?, ¿Qué les interesa de lo que ven?, ¿Cómo representan lo que ven? ¿Qué implicaciones tiene lo que ven?

Y mas adelante… (Pág. 70) anticipa la necesidad del establecimiento inexcusable de políticas educativas que tomen en consideración que el discurso televisivo constituye uno de los componentes centrales del horizonte de significaciones infantiles (yo diría sociales), que deben contar con estrategias institucionales.

En este sentido, es importante señalar aquí la importancia que el texto tiene como parte de una colección de reportes de investigación educativa del Centro de entrenamiento de TV educativa (CETE) y que debe salir de los estantes académicos para ser revisado por maestros y comunicadores para que el proceso interpretativo y analítico tenga incidencia en los actores estudiados y en las políticas educativas del país.

Por otra parte debo señalar que en muchas ocasiones, cuando nos encontramos que en un libro se ubican Anexos, uno suele brincarlos y asignares un valor secundario. En este caso particular, la lectura de los anexos son estratégicamente indispensables, refuerzan y aclaran precisamente las líneas de los proyectos que deben ser asumidos para atender el problema o los problemas expuestos en el libro, como es el caso de los anexos “Preocupaciones en torno a la relación maestros/Televisión” y el “Glosario”, indispensable para ubicar en su justa medida la rigurosidad conceptual del discurso del autor

Para finalizar los cometarios que el texto de Diego Lizarazo nos presenta hoy y que es complemento indispensable de su obra anterior del 2006, “El Espacio Lúdico” que aprovecho para también invitarlos a su lectura, permítanme compartir el entusiasmo que me generó la lectura de “La dislocación del sentido” que, desde el reconocimiento de la posición personal desde la cual hablo y desde la que fue leído el texto, no solo como docente, sino como televidente influenciada y moldeada, me refuerza la convicción de que el tema de los medios debe ser incorporado como uno de los temas que afecta todos los niveles de nuestra práctica o posición desde la que nos pongamos en relación con los medios.

En la pagina 23, Diego nos dice que “Los textos son lo que las personas hacen con ellos” Este texto nos invita a su lectura para hacer con él, una mejor practica docente.

Beatriz Solis leree.
Universidad Autónoma Metropolitana
Diciembre 2007.